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Recuerdos y arte
Cualquier fotógrafo que se precie de serla está siempre buscando "la foto". Igual que los surferos esperan "la ola", los fotógrafos estamos siempre con la esperanza de que la fotografía que nos haga saltar (¿más?) a la fama esté a la vuelta de la esquina. Y mientras esperamos, pues venga a cargar con kilos y kilos de equipo. El trípode, como la Mastercard, no salga de casa sin él. ¿Y objetivos?, póngame varios, no vaya a ser que... Siempre preparados para cuando llegue "la foto", no vaya a ser que cuando se presente la tengamos que hacer con el móvil.
Al llegar a casa después de hacer cualquier trabajo, comienza el proceso de revisión. Como siempre, alegrías y decepciones. Es lo que hay. Pero, eso sí, siempre se tiene la impresión de que el 95% de las fotos se pueden borrar en ese mismo instante y que al mundo no le va a importar. Como todo, el porcentaje puede variar en función de la calidad del fotógrafo y de lo perfeccionista que sea. Eso sí, si el porcentaje no es muy alto, o no eres muy exigente o se te ha olvidado la batería.
En cualquier caso, como hoy en día, guardar las fotos es muy barato, yo no borro nada. Leí en la web de Michael Reichmann que él sólo borraba las fotos si se había disparado accidentalmente en el pie. Pero claro, él es fotógrafo de paisajes "fine art". Yo, como tengo menos aspiraciones, no borro ni los disparos en el pie. Menos mal que no tengo licencia de armas porque no me harían falta sandalias.
Total, que yo no borro nada y es lo que recomiendo. ¿Y todo esto a qué viene?. Resulta que el otro día me puse a intentar ordenador fotografías antiguas. ¿Fotografías del abuelo?, no hombre, no tanto. Son fotografías digitales antiguas, que también las hay. De las de píxeles gordos. Son las fotos que saqué hace ya unos añitos con las primeras cámaras digitales que cayeron en mis manos.
Cuando vi las fotos (varias) de disparos en el pie me hizo mucho ilusión. Eran zapatos que ya había tirado hace años. No es que tenga yo mucho afición a los zapatos a lo Carrie Bradshaw pero supongo que, a fuerza de ponértelos mucho, se les coge cariño. Después seguí viendo fotos de amigos con los que ya no tengo contacto y la sensación fue casi la misma que con los zapatos.
Al revisar esos cientos de fotos, me di cuenta de porque la gente hace fotografías. La conclusión es de cajón pero con tanto buscar "la foto" no me había dado cuenta. Para recordar, ¿qué sencillo, verdad?. Por eso a la gente le da igual ocho que ochenta, con que se vea lo que hay delante de la cámara es suficiente.
Y la moraleja es, amiguetes, seguid buscando "la foto" pero no os olvideis que, aunque somos unos artistazos, una foto al pie cuando pasen unos años puede provocarte una sonrisa. Lo mismo es que soy un sentimental.
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